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El viento susurra entre los pinos,
en la montaña vive en paz su destino.
Sus manos ahora trabajan la tierra,
un héroe en silencio que dejó la guerra.
Cada amanecer, su vida es sencilla,
el sol lo despierta, su alma brilla.
Pero un día un llamado llegó a su hogar,
un joven valiente que vino a buscar.
“Maestro, enséñame el camino a seguir,
la fuerza y el honor que hacen al vivir.
Dime cómo luchar, pero también cómo andar,
cómo ser un héroe que no teme cambiar.”
El viejo observa con ojos cansados,
ve en el joven lo que fue en el pasado.
Con dudas y miedos, intenta negar,
pero en su interior la llama vuelve a brillar.
“No busques en mí respuestas finales,
solo soy un hombre con historias mortales.
Pero si tu causa es justa y verdadera,
te mostraré el sendero y su bandera.”
“Maestro, enséñame el camino a seguir,
la fuerza y el honor que hacen al vivir.
Dime cómo luchar, pero también cómo andar,
cómo ser un héroe que no teme cambiar.”
Entre montañas, el joven aprendió,
que un héroe no es solo quien alzó su voz.
Es quien siembra justicia, en cada acción,
quien cuida la vida con devoción.
El viejo maestro, con pasos pausados,
mostró que el poder no está en los mandados.
“Ser héroe no es vencer, ni alzar la espada,
es saber cuándo usarla… y cuándo dejarla.”
“Maestro, ahora entiendo el camino a seguir,
la fuerza está en la bondad, no en el combatir.
Me enseñaste a luchar y también a soñar,
cómo ser un héroe que puede transformar.”
El joven partió, listo para andar,
el viejo lo observa, vuelve a sembrar.
En la montaña queda su hogar,
y una nueva esperanza que siempre brillará.